sexta-feira, 21 de maio de 2010
POR LA VIDA Y LA BELLEZA
Vivir de acuerdo con las leyes de la belleza
Pablo René Estévez
Solamente el hombre es capaz de establecer relaciones estéticas con el mundo circundante, y eso lo diferencia del reino de los animales. Por eso, Carlos Marx escribió al respecto:
El animal forma cosas de acuerdo al nivel y necesidades de la especie a que pertenece, en tanto el hombre sabe producir de acuerdo al nivel de todas las especies, y sabe aplicar en todas partes el nivel inherente al objeto. Por consiguiente el hombre también forma cosas de acuerdo a las leyes de lo bello[1].
Si los animales poseyeran un sentido de la belleza, como pensaba Darwin, tendría que ser necesariamente de carácter instintivo; pues no poseen conciencia como tal, y no pueden regir su vida de acuerdo con leyes que actúan por encima de su psiquis[2]. Solo el hombre es capaz de hacer cosas a partir de un principio estético, aunque no siempre lo haga: tal vez, como constatación de no haber sido educado, previamente, para ello.
“Vivir de acuerdo con las leyes de la belleza” entraña vivir en armonía con las normas establecidas por la sociedad a la que se pertenece (siempre que dichas normas no conspiren contra la condición humana, convirtiendo al hombre en lobo para su semejante). Es decir, se trata de la asunción de un estilo de vida culto en el seno familiar, en la escuela y en la comunidad; y de correlacionar la palabra con la acción individual y social: lo que exige el desarrollo de una cultura integral, que capacite al individuo para valorar y comprender, en toda su complejidad, el mundo que lo circunda (para “leer el mundo”, como pedía Paulo Freire, o para “orientarse en el mundo de los valores”, según Antonio Gramsci). En fin, cultivar la sensibilidad estética para la percepción de la belleza de los objetos y fenómenos de la realidad, y finalmente, intervenir con eficacia en el proceso de modelación estética y perfeccionamiento de la sociedad en su conjunto.
Resulta claro, que no todas las condiciones sociales posibilitan el desarrollo armonioso de la personalidad. Pues según Marx:
El sentido circunscrito a las necesidades prácticas groseras tiene solo un sentido restringido. Para el hombre que perece de hambre, no es la forma humana del alimento la que existe, sino solo su ser abstracto como alimento; bien pudiera estar allí en su más grosera forma, y sería imposible decir si su actividad alimenticia difiere de la de otros animales. El hombre abrumado de preocupaciones, urgido, no tiene sentidos para la más hermosa obra de teatro; el traficante de minerales solo ve el valor mercantil pero no la belleza y naturaleza única del mineral; no posee sentido mineralógico. Así, la objetivación de la esencia humana, tanto en su aspecto práctico como teórico, es necesaria para que se forme el sentido humano del hombre, al igual que para crear el sentido humano correspondiente a toda la riqueza de la sustancia humana y natural[3].
Ante esto, cabe preguntar: ¿será posible la “objetivación” de la esencia humana para decenas de millones de personas, que viven por debajo del umbral de la pobreza en decenas de países “en vías de desarrollo”, y aún en muchos de los “desarrollados”? ¿Podrán cultivar el sentido de la belleza, los niños desamparados que deambulan por las grandes urbes de América Latina?
Claramente, no. Solo la supresión de toda forma de explotación; la redistribución de la riqueza y el imperio de la justicia, crean las condiciones sociales favorables para que el hombre garantice su existencia y pueda regir su vida por las leyes de la belleza: un proceso que entraña, además, la conjunción de muchos medios y acciones. ¡Y sobre todo, un tiempo prolongado! Pues se trata de un proceso dialéctico y multifacético, que compromete todas las capacidades del ser humano: un privilegio solo al alcance de aquellas sociedades que, eliminando las desigualdades sociales, logren instaurar un sistema de educación orientado a la formación integral de todos sus miembros.
[1] C. Marx: Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Editora Política, La habana, 1965, p. 78.
[2] Los etólogos han llegado a reconocer determinados niveles de preconciencia en algunos primates y animales de otras especies.
[3] C. Marx : op. cit., p. 114.
Assinar:
Postagens (Atom)